Sesión Abierta / por Horacio Miranda
Guasave, Sinaloa, a 28 de agosto de 2025.
La economía de Guasave atraviesa un momento incómodo: sigue dependiendo del campo, pero el campo ya no responde como antes. La sequía dejó más de 20 mil hectáreas sin sembrar, los restaurantes sienten hasta un 30% menos de clientela y muchos comercios reportan caídas en ventas de hasta un 80%. La crisis no se queda ahí: los pescadores viven con las manos atadas por vedas, altos costos y escasez de especies.
No hay que darle muchas vueltas: si el campo se tambalea, todo el municipio se tambalea. Y hoy Guasave está probando lo frágil que resulta depender de un solo motor económico.
Claro, hay luces que valen la pena mencionar. Las remesas siguen siendo un sostén vital, ubicando al municipio en los primeros lugares del estado. La apertura de nuevos negocios genera optimismo y, poco a poco, aparecen proyectos que apuntan hacia la diversificación: inversiones en infraestructura, apoyos a pequeñas empresas y la apuesta por convertir a Guasave en la capital gastronómica de Sinaloa. Son señales, sí… pero todavía insuficientes.
Aquí surge la pregunta central: ¿vamos a seguir viviendo con la economía amarrada al clima, a la cosecha y a la buena o mala temporada? Porque si de verdad queremos un futuro distinto, el reto no está solo en sembrar más, sino en sembrar distinto: turismo, industria, innovación, educación.
Los gobiernos están empujando plataformas digitales y financiamiento para MiPyMEs; los empresarios locales buscan abrir espacios en la gastronomía; y la sociedad, desde su día a día, mantiene viva la esperanza de que las cosas mejoren. Sin embargo, mientras la dependencia al campo siga siendo tan alta, la economía de Guasave seguirá en pausa, esperando siempre la próxima cosecha para respirar.
El momento exige otra visión: no basta con sobrevivir, hay que reinventarnos. Guasave necesita más que apoyos temporales: requiere una estrategia clara de diversificación, que lo saque de la trampa de la incertidumbre agrícola y lo coloque en un camino de desarrollo sostenido.
La pregunta queda abierta: ¿tendrán los actores políticos, empresariales y sociales la voluntad para construir esa transformación, o seguiremos atrapados en el ciclo eterno de la sequía y la bonanza?
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